domingo, 20 de julio de 2008

¿QUÉ ES EL CONOCIMIENTO EN EL MUNDO KOLLA?




Por Asunción Ontiveros Yulquila

mailto:rumihuma%40yahoo.com.ar


PRIMER CASO:

En julio de 1957, teniendo siete años, emprendía el primer viaje en
tren (FC Belgrano), desde la llamada "Capital de la Puna", Abra
Pampa, hacia la ciudad de Jujuy, capital de la provincia homónima.

Cursaba el segundo grado de primaria. Tenía siete años y sufría
porque no podía aprender a leer conforme a la lógica reinante y
además decodificaba e interpretaba incorrectamente porque mi mundo
era otro, a pesar de que el leguaje era el mismo (castellano jujeño
y kolla), Me gustaban las imágenes y las historietas,

El relato paradigmático cristiano – católico no formaba parte de mi
manera de percibir y de apreciar la realidad del mundo (Tierra) y de
la Argentina. Estaba seguro de ser hijo de mis progenitores, pero no
tenía la menor idea sobre cómo se reproducía el ser humano, y cómo y
por dónde se producía el arribo de una guagua (bebe) al hogar o a la
casa (nacimiento).

Mi madre era y es analfabeta y mi padre era semi –analfabeto.
Durante el viaje preguntaba a mi padre ¿por qué en Abra Pampa hace
mucho frío y en la ciudad de Jujuy menos frío? Respondía, "Cuando se
va viajando hacia el Sur de la Argentina, hace más calor. En Tierra
del Fuego es un horno". Este relato lo iba relacionando (en mi
memoria) con el color del mapa oficial de la Argentina. El
territorio de Tierra del Fuego estaba pintado de amarillo. La
conclusión a que arriba semióticamente era que en "Tierra del Fuego
el calor es infernal".

Aprendía, además de observar y de experimentar las cosas, a través
de los discursos o relatos de mis progenitores. Conocía de lo que
dice de las cosas.

SEGUNDO CASO:

En el otoño de 1955 ingresaba a la Escuela Nacional Nº 21 de Abra
Pampa. Como mi identidad no estaba constituida en el mundo
cristiano – católico, las autoridades de la Escuela deciden que me
someta a un curso de evangelización (catequesis). Mi primera
experiencia visual en el atrio de la iglesia de Abra Pampa fue de
asombro y de preguntas que me hacía a mi mismo. ¿Por qué está este
hombre – mujer en un cajón de vidrio? ¿Por qué tiene una herida en
el pecho y por qué tiene espinas en el cabeza? ¿Por qué no lo
entierran si está muerto?

Mis preguntas eran construidas con la información y el conocimiento
que había percibido, apreciado, procesado y asimilado desde el
primer año de vida (15 de agosto de 1949) hasta enero de 1955,
periodo en que viví con mis abuelos (progenitores de mi madre), en
la comunidad kolla de Negra Muerta, Departamento de Humahuaca,
Jujuy. Había observado un velorio y un entierro de una anciana.
Nunca había percibido a un hombre muerto, con una herida en el
pecho, semidesnudo, con barba, piel blanca y con agujeros en los
pies. Tampoco había preciado a un cura con su clásica sotana.

La primera experiencia en la iglesia de Abra Pampa fue frutal, para
mi estructura de pensamiento, como también psicológica. Con el
correr de los días sentía que estaba ingresando a un mundo de la
locura. Dormía a los sobresaltos, caminaba durmiendo, soñaba
estupideces, hablaba mientras dormía. Mi padre comentaba que, a
veces, habría la puerta del dormitorio y salía (durmiendo) hacia la
calle. Conocía que la Tierra era redonda como una pelota de fútbol.
Soñaba en el proceso de la locura que "era expulsado de la Tierra y
que trataba desesperadamente de agarrarme de las nubes para no caer
en el vacío".

No tener experiencia ni información sobre el mundo cristiano –
católico, como también el primer día de catequesis, significó
ingresar en un proceso de locura, porque pensaba sobre signos
desconocidos para mi disco duro (neuronas). Por fortuna, mi padre
había llegado a un acuerdo con las autoridades de la Escuela
Nacional
Nº 21, para que no fuera sometido a la evangelización.
Quedé libre de la inquisición y de la tortura psicológica con signos
desconocidos y horripilantes.

Desde agosto de 1949 hasta diciembre de 1954, había percibido y
apreciado prácticas sociales y culturales relacionadas con la cría
de cabras y ovejas, el cultivo de maíz, haba, papa, flores y
árboles. Los datos y/o las matrices de conocimiento los había
observado, procesado y asimilado (en el cuerpo y en la memoria) en
la chacra de mis abuelos de Negra Muerta. Este conocimiento empírico
y sistematizado intelectualmente lo reproduje en Abra Pampa. El
patio grande de la casa de mis progenitores se convirtió con el paso
de los años en una chacra pequeña: había árboles, flores, hierbas
aromáticas, y, se cultivaba cada año maíz, haba y papa. Se regaba
sacando agua de un pozo de 10 metros de profundidad.

CONCLUSIÓN PARA ESTE PEQUEÑO ENSAYO ¿Qué es el conocimiento?

Para Yulquila, es un proceso inductivo, dialéctico y dialógico entre
lo que se conoce de la realidad objetiva (signos materiales e
inmateriales) y el discurso o relato que constituye la subjetividad
de los seres humanos. Para que el conocimiento sea proyectado o
socializado, debe ser arte y parte del ejercicio del poder social,
cultural, económico y político, en una familia determinada, en una
sociedad determinada. Hesiodo y Homero, en la Antigua Grecia,
siguieron esta línea. También, Mamani y Yulquila en Humahuaca. Los
hermanos Grim en la Alemania de fines del siglo XVIII.

Lamentablemente, en los casos descriptos, cuando ingresé al primer
grado inferior (1955), en la Escuela Nacional Nº 21 de Abra Pampa,
nada de lo que conocía empírica e intelectualmente era tomado en
cuenta. Se construye el conocimiento observando, experimentando,
procesando y sistematizando lo conocido, para conocer mejor. Los
errores enseñan, las fallas enseñan. Las analogías entre los
animales (incluido nosotros los seres humanos) permiten comprender
en profundidad nuestro complejo mundo, desde lo micro hasta lo
macro, sin olvidar que la historia es fundamental en toda actividad
humana, para abordar problemas y buscar soluciones. Vale la pena
mirar tres veces un signo y su proceso histórico. Todo signo
presente tiene un antecedente. Todo relato tiene un relato
antecedente.

__._,_.___

2 comentarios:

Ana Tamagno dijo...

¡Gabriela! Abra Pampa es aquel lugar en que (como ya comenté en un post anterior) me encontré con gente maravillosamente distinta. Gente que pensaba el pasado como algo por delante y el futuro como algo por detrás.
Me emocionó el artículo. Volveré a leerlo con más detenimiento.
Tengo un problema en el brazo y me estoy cuidando para poder escribir en el parcial que rendimos hoy, así que por unos días se verán libres de mis nada cortos posteos.

¡Abrazos a todos!

Ana

María Amalia dijo...

Desde que leí estos casos pensé que son excelentes testimonios del proceso de construcción social del conocimiento y de su impacto en el proceso de aprendizaje y en la producción del fracaso escolar. Intentaré contarles algunas reflexiones que pude hacer.
. Podríamos analizar estas situaciones desde diferentes planos: antropológico, social, histórico, pedagógico, sociológico, psicológico, político, y seguramente otros, por qué no económico. Me parece que Bourdieu nos ayuda a comprender situaciones como las enunciadas, partir del concepto de capital cultural. Este sociólogo francés enfrenta la dicotomía estructura social-sujeto e intenta superarla a través del análisis de cómo las condiciones sociales son internalizadas por los sujetos, quienes luego actúan en consecuencia y reproducen inconscientemente el orden social. A través del efecto de la inculcación espontánea que acontece en la educación primera, el sujeto construye el habitus. El habitus es un esquema básico de percepción y pensamiento que se configura a través de la interiorización de la objetividad social que se produce en nuestras primeras prácticas .En tanto estructura organizativa de nuestra visión del mundo, establece una peculiar forma de relación con la cultura fuertemente dependiente de la posición social de origen. Es en el ámbito originario que los sujetos comparten formas de vida y condiciones materiales que generan esquemas de percepción y acción similares; nuestra percepción del espacio, de la convivencia, de lo necesario, del uso del cuerpo.
Desde este encuadre, podríamos pensar en términos de teorías pedagógicas críticas, reproductivistas u no-reproductivistas. Sabemos que las teorías críticas incluyen los procesos sociales como condiciones de producción del aprendizaje. No es indiferente la alfabetización o no de los padres y las prácticas sociales vividas desde el nacimiento.
Entonces, podríamos preguntarnos cómo se produjo el aprendizaje escolar. Conocemos la representación del propio sujeto, pero no las miradas de los docentes. Es probable que en casos similares se señale el “fracaso” escolar como evidente y hasta esperable. No es casual que los testimonios corresponden a escolares en los años 50. Sin embargo, podríamos observar qué representaciones, convicciones y prácticas subsisten en las escuelas y cuáles se han problematizado y modificado.
Finalmente, estos testimonios dan cuenta de algo más profundo o fundante, que es la constitución de la subjetividad en “redes de experiencias”, conceptualización ineludible para comprender la diversidad. Los discursos escolares actuales mencionan permanentemente esta diversidad, pero creo que tenemos que ponerlas en cuestión, estar atentos a qué dicen realmente.
Los aportes de Rafael son convergentes con estas experiencias. Así, tenemos testimonios de diferentes sujetos y grupos sociales a los que muchas veces no vemos, no escuchamos.
¿Podemos narrar alguna experiencia propia, aquí en Dolores?