miércoles, 30 de julio de 2008

LADRONES DE PALABRAS

Escribe Rafa Urretabizkaya



Argentina 1.976
Los compañeros que pudieron contarlo dicen que lo primero que los represores les hacían al caer detenidos, era “tabicarlos”. Es decir prohibido (imposible) ver y hablar.

Patagonia 1.887 en adelante
La campaña al mal llamado “desierto”, no pasa solamente por la evidencia de las armas. Pasa también (un poco más tarde) por las escuelas que vienen a completar la tarea de eliminación con el mandato castellanizador.

Es que cuando se busca aniquilar, no basta con la muerte.
Por eso en la dictadura también fueron por los hijos y apropiaron los nietos.
Por eso se intentó exterminar la lengua originaria de los pueblos invadidos.
Porque tiene tanto miedo el asesino (todos lo asesinos lo son, por cagones) que la búsqueda apunta a que el otro, el que queda, ya no sea quien es. Que el otro, ese que tanto le temo(por ejemplo un bebe), deje de ser.
Para lograrlo le quito la vida, y si no puedo, le quito las palabras, le robo las palabras.

Ernesto Guevara pone sus sueños e ideales en una máxima a la que nombra “la revolución”. Carlos Menem se sienta con algunos cómplices y destapando champán declama el comienzo de la “revolución” productiva.
¿Se equivocó de palabra? No creo. Tomó esa palabra, la vació y la cargó con otro significado. Vaciar una palabra es por otra parte, para los medios de comunicación, algo tan fácil como para el del champán, vaciar esa botella.

Cuando el dolorido señor Blumberg reclama mayores penas, no creo que tenga cargada su palabra con el contenido que le otorga la runfla categoría Ruckauf. Para ellos ese dolor legítimo, es en realidad la oportunidad de condenar y porqué no matar a los chicos y muchachos si es posible desde los 12 años, que este modelo (es decir ellos mismos) empujó a cometer delitos.
Por la misma pista, pero en el carril de al lado, digamos que 150.000 personas acompañaron al padre dolido exigiendo “justicia”. Muchos. Pero como dijo Lucía la semana pasada, mas o menos tantos como los que fueron a recibir al Papa, que por otro lado no condenó la invasión de Estados Unidos a Irak.
Aunque ahora que me acuerdo lo de Estados Unidos fue una “intervención”, no una “invasión” y pareciera que por la paz no se reza, se lucha. Perdón, se me confunden las palabras.

El robo de las palabras y el robo del discurso, no se denuncian en la policía. Pero si se deben denunciar.
No nos salvará de este robo una alarma, pero si la vigilia. Pero si la memoria.

Estuvimos pensando en compartir palabras.
Algunas que fueron dichas con claridad y potencia y sirvieron entonces, y son vigentes ahora.
Como un ejercicio.
Elegimos para arrancar unos fragmentos de “Cartas a una profesora”.
Un libro que es de educación pero no.


El prior de Barbiana
En 1.954 las autoridades eclesiásticas relegan en Barbiana(pequeña aldea toscana trepada a la montaña)al cura florentino Lorenzo Milani. Se había propuesto despertar la palabra comunicante y la conciencia crítica. Allí don Milani crea una escuela popular “no tanto para colmar el abismo de la ignorancia sino el de la diferencia”.
Lorenzo Milani muere a los 44 años, veinte días después de la publicación de la Carta a una profesora. Que se vistieran de blanco, que hagan fiesta, pues moría con alegría. La obra de sus chicos estaba concluida.
“Siento la tristeza de pertenecer a una iglesia que nunca llama a las cosas por su nombre. Quien dice cojones va al infierno. Quien no dice eso pero les pone un electrodo, viene de visita a Italia y es acogido con la sonrisa que requiere la buena educación”. Fustigador incansable impuso la consigna “me importa”, a la fascista “me ne frego”.
“si ustedes tienen el derecho a dividir al mundo en italianos y extranjeros les diré entonces, que, en ese sentido, yo no tengo patria y reclamo el derecho de dividir al mundo en desheredados y oprimidos por un lado, y privilegiados y opresores por el otro. Aquellos son mi patria, estos mis extranjeros.”


La palabra de Barbiana
A cada alumno nuevo Don Milani lo provoca diciéndole que, a lo sumo, conocerá doscientas cincuenta palabras, mientras el patrón conoce unas mil, y que esta es una de las causas por las que sigue habiendo patrones y esclavos.

Acuden a ese semi internado rural, los que fracasaron en las escuelas oficiales. Este libro parece escrito por un muchacho solo, pero en realidad lo hacen ocho alumnos de Barbiana y otros compañeros que trabajan, ayudan los domingos. No está dirigido a los profesores sino a los padres. Es un invitación a que se organicen.

Querida señora: usted no se acordará de mi ni de mi nombre. Eliminó tantos.
Yo en cambio, me acuerdo a menudo de usted, de sus colegas, de esa institución que ustedes llaman escuela y de los muchachos que ustedes “rechazan”.
Hace un año yo me volví tímido frente a usted. Por cierto la timidez me acompañó toda la vida. Cuando era chico no levantaba los ojos del suelo. Me pegaba a las paredes para que no me vieran. Al principio pensaba que era una enfermedad mía o a lo sumo de mi familia. La timidez de los pobres es el misterio más antiguo. Yo no sé explicárselo porque estoy adentro. Tal vez no sea cobardía ni heroísmo. Es sólo falta de prepotencia.

Los campesinos en el mundo
No teníamos recreo y cada burgués que caía a visitarnos armaba una polémica sobre este punto. Uno de esos grandes profesores se lo dijo a Milani. Hablaba sin mirarnos a nosotros. Cuando al final se fue, Luciano que tenía treinta y seis vacas en el establo dijo: “la escuela será siempre mejor que la mierda”.
Habría que grabar esa frase en la puerta de las escuelas de ustedes. Millones de muchachos campesinos estarían dispuestos a suscribirla. Que los muchachos odian estudiar y aman jugar es algo que dicen ustedes. A nosotros los campesinos, nadie nos preguntó nada. Pero somos muchos. De cada diez, seis opinan como Luciano, de los cuatro restantes no se sabe. Toda la cultura de ustedes está construida de esa manera. Como si el mundo fueran ustedes, nada más.

Política o avaricia
Aprendí que el problema de los demás es igual al mío. Salir de él todos juntos es la política. Salir de él solos es la avaricia.

Manuel y Juan
Manuel tenía 15 años, un metro setenta, humillado, adulto. Querían que repitiese primer año por tercera vez.
Juan tenía 14, distraído y alérgico a la lectura. Los profesores decretaron que era un delincuente. Y no estaban tan errados, pero eso no era una razón para que se lo saquen de encima.
Vinieron a nosotros y los pusimos en la clase justa para su edad. Manuel en tercero y Juan en segundo. Fue su primer satisfacción escolar. Manuel lo recordará para siempre, Juan un día si y un día no.

Sin distinción de idioma
Tendríamos que entendernos sobre qué significa idioma correcto. Los idiomas son creados por los pobres que luego siguen renovándolos hasta el infinito. Los ricos lo cristalizan para poder joder a los que no hablan como ellos. O para poderlos eliminar. Ustedes dicen que Gustavito, el hijo del doctor, escribe bien. Ya lo creo, si habla como ustedes. Pertenece a la firma.
En cambio el idioma que habla y escribe Juan es el de su padre. Cuando era chiquito le decía lala a la radio, el padre le dijo “no se dice lala, se dice arradio”.
Ahora si es posible, es bueno que Juan aprenda también a decir radio. El idioma de ustedes podría servirle pero mientras tanto, no pueden echarlo de la escuela.
“Todos los ciudadanos son iguales sin distinción de idioma” lo dijo la Constitución justo pensando en él.

Las reglas para escribir
Al tercer año de Barbiana me presenté para el diploma de secundaria como alumno libre.
El tema de la composición era:”Hablan los vagones del ferrocarril”.
Había aprendido que las reglas para escribir eran las siguientes.
Tener algo importante que decir, que sea útil para todos o para muchos. Saber a quien se escribe. Recoger todo lo que sirve. Quitar toda palabra que no usemos hablando. No fijarse límites de tiempo. Así escribo con mis compañeros esta carta.
Yo tenía catorce años, venía de la montaña, quería aprobar el examen. Trate de escribir como ustedes y no lo logré. Salieron mejor los escritos de los alumnos de ustedes, expertos en sacarles el olor a podrido al guiso de lugares comunes.

Matemáticas y sadismo
El problema del examen hacía pensar en la escultura de una bienal.
“Un sólido está forrado por una semiesfera superpuesta a un cilindro cuya superficie corresponde a tres séptimos de aquella”. Un problema de esos sólo puede salir de la mente de un enfermo.

Muchachos infelices
En los exámenes de gimnasia el profesor nos trajo una pelota y dijo:”Jueguen al baloncesto”, nosotros no sabíamos y el profesor nos miró con desprecio: “Muchachos infelices”. Le fue a decir al director que no teníamos “educación física”
Cada uno de nosotros era capaz de treparse a una encina. Allá arriba, soltar las manos, y bajar una rama de cien kilos con el hacha. Después arrastrarla por la nieve hasta la puerta de la casa, a los pies de nuestra madre.
Me contaron de un señor de Florencia que para subir a su casa toma un ascensor. Y que se compró un aparato costoso que simula que está remando. Ustedes le pondrían la nota más alta en educación física.

Millones de Juanes
La escuela tiene un solo problema: los muchachos que pierde. Los únicos incompetentes son los maestros que los pierden y no se dan vuelta para recobrarlos. Nosotros que los encontramos en los campos y las fábricas los conocemos de cerca. Los problemas de enseñanza los ve la madre de Juan, ella no sabe leer. Entonces las cifras estadísticas se ponen a gritar contra ustedes. Dicen que como Juan hay millones y que ustedes o son estúpidos o malvados.

Disparar en un matorral
Eliminar de la clase es como disparar en un matorral. Tal vez era un niño, tal vez una liebre. Luego veremos

Curas y putas
La maestra se defiende con su memoria de madre por horas. Los que faltan tienen el defecto de que no se ven. Habría que poner una cruz o un ataúd en el banco para recordarlos. Pero se sienta un niño nuevo. Un desgraciado como los otros. La maestra ya le tomó cariño.
Las maestras son como los curas y las putas. Se enamoran rápido de las criaturas. Si después las pierden no tiene tiempo de llorarlas. El mundo es una familia inmensa. Hay tantas más criaturas que servir.
Y sería una gran cosa ver más allá del umbral de nuestra casa. Lo único que hace falta es estar seguros de no haber echado a nadie con nuestras propias manos.

Prohibido envejecer
Es en secundaria donde sale a relucir el mal que les hicieron a los 18 repartidos entre las generaciones siguientes. Están envejecidos y está prohibido envejecer.
La libreta de trabajo se puede sacar a los 15 años (en Argentina a los 16)

El verdulero
Tal vez ustedes no tenían esa intención. Ciertamente la culpa la tuvo la maestra que lo entregó tan crecido ya. La culpa la tendrá el mundo y Juan también.
Pero cuando la profesora ve que uno de los alumnos que aplazó es quién la atiende en la verdulería no quisiera estar en su lugar.
Sería algo totalmente distinto poderle decir: “¿por qué no vuelves a la escuela? Sin ti enseñar no tiene sentido”

Imbéciles y desganados
Dicen que bocharon a los imbéciles y desganados.
Entonces sostienen que Dios hace nacer imbéciles y desganados en la casa de los pobres.
Pero Dios no comete esos desaires con los pobres. Es más fácil que los cometan ustedes.

La carta continuará

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Queda un sabor amargo luego de leer el texto, un sabor que habla de historia repetida, de cosas dichas y vividas que no cambian ni envejecen.

Unknown dijo...

Que pena da leer el mensaje de Rafa, sabiendo que en esta realidad que nos sacude somos partícipes a veces, de esas lamentables situaciones y no tratamos conscientemente de revertir estos cambios de palabras en donde en ciertas ocasiones terminamos discriminando a seres inocentes o pobres en vocabulario

Unknown dijo...

Mucha tristeza da el artículo "Ladrones de palabras", cuando uno toma conciencia que desde nuestro lugar no se hace nada para revertir alguna de estas situaciones, miramos pero no vemos, no nos detenemos ni siquiera a pensar en el otro.
¿Será por la vida que llevamos?...No dejamos de correr...