domingo, 30 de agosto de 2009

«Cruzados» ortográficos reivindican en las calles el uso de la tilde


Natalia Kidd, EFE

Un grupo de jóvenes latinoamericanos ha iniciado una «cruzada» por la reinserción del acento gráfico en la vía pública, donde señalan su ausencia con un toque de buen humor y rebeldía ante la incorrección ortográfica en las calles.

La movida nació en junio pasado en México, por iniciativa del joven vasco Pablo Zulaica Parra, y pronto se extendió a Perú y Argentina, donde se multiplican las «intervenciones» en todo tipo de carteles donde las tildes brillan por su ausencia.

Apenas detectan la falta, estos «cruzados ortográficos» pegan un acento de papel visible en el que además se explica la regla ortográfica violada.

Cada acto de reivindicación gramatical es fotografiado y las imágenes se suben a los diversos blogs de la iniciativa «Acentos perdidos», donde además se generan interesantes debates sobre el español, una iniciativa que también suma adeptos a través de la red social Facebook.

«El principal objetivo es que la gente tome conciencia de la importancia de usar bien nuestra lengua», dijo a Efe Rodrigo Maidana, un estudiante de Economía de la ciudad argentina de La Plata que comanda la iniciativa en su país.

Como regla, estos jóvenes solicitan autorización para pegar las tildes siempre que sea posible, pero si se trata de anuncios comerciales o políticos lo hacen sin permiso pues «semejante afrenta, con tantos ojos responsables de ese mensaje, merece ser visiblemente señalada», dijo a Efe Zulaica, redactor publicitario que vive en México.

Falta de educación, desinterés y malas costumbres son algunas de las razones que estos jóvenes descubren para el abandono progresivo de las tildes, agravado por una no muy buena ortografía entre los publicitarios.

Las mayúsculas, por ejemplo, son candidatas usuales a la ausencia de tilde, y por argumentos históricos, como que las máquinas de escribir no permitían su acentuación y que a los impresores se les salían los tipos de la tilde de los rótulos, se asentó la falsa norma de que las mayúsculas no llevan acento gráfico.

A diferencia de otras «intervenciones urbanas» como los grafiti o los esténciles (técnicas decorativas con plantillas), estos chicos no actúan furtivamente.

«Es bueno que la gente te vea e intercambiar opiniones. La gente principalmente se sorprende. Esta cruzada no trata de hacer enojar a nadie, al contrario, trata de sacar una sonrisa y de ayudar a mejorar el uso de nuestra lengua», dijo Maidana, de 18 años.

Según Zulaica, de 27 años, el proyecto «tiene un componente lúdico muy importante» y «es una 'desacademización' de lo académico, como un vandalismo suave que conserva todo el rigor en el fondo. Gusta a grafiteros y a editores y lingüistas. Además, tiene un punto de activismo que nos hace sentir como ciudadanos que nuestra voz sí puede oirse».

Para los dubitativos, los blogs de «Acentos perdidos», http://acentosperdidos.blogspot.com, tienen un enlace a la Ortografía de la Lengua Española de la Real Academia Española.

Aún así, estos defensores de la tilde no tienen nada de dogmáticos y hasta se muestran comprensivos con el colombiano Gabriel García Márquez, que en 1997, en el primer Congreso Internacional de la Lengua, celebrado en México, sugirió poner «más uso de razón» en los acentos escritos como parte de su polémica propuesta para «jubilar la ortografía», que tanto revuelo generó.

«García Márquez emitió una opinión que debe respetarse, porque sinceramente a todos nos gustaría una lengua más sencilla, como la que él pide», señaló Maidana, hijo de periodistas y que asegura que «desde chiquito» siempre tuvo «un gran interés por la ortografía».

Como parte de esta iniciativa, la joven peruana Lorena Flores Agüero ha creado el «tildetón», una salida planificada para pegar acentos en las calles que ya se organizó en México y Perú y que próximamente se hará en Argentina.

«Acentos perdidos» también organiza «cruzadas puntuales» a favor de la acentuación; la primera se hizo en Lima y tuvo como blanco al logotipo carente de acento gráfico del grupo español Telefónica, al que acusan de ser «uno de los mayores irresponsables en el uso de la tilde».

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